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| Un desayuno perfecto, bizcocho de zanahoria y café con leche |
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| Un desayuno perfecto, bizcocho de zanahoria y café con leche |
En este pequeño rincón hoy flota un aroma a espinacas, a queso… en definitiva, a nuestra querida Italia, concretamente el aroma nos lleva directamente a la bella región de la Lombardía.
Todos sabemos que hay grandes inventos que se han producido a partir de un error (ahí están los utilísimos “post-it”). Estos errores están presentes en todos los rincones de nuestro día a día, y sí, en la cocina también, de hecho, hoy os traemos una receta que tuvo su origen en un error, se trata de unos “malfatti de espinacas y queso ricotta”.
Os preguntaréis ¿Qué son los malfatti? Pues son como unas albóndigas (o incluso se pueden hacer del tamaño de un gnocchi) de espinacas un tanto irregulares (de ahí su nombre: “malfatti” o “malhechas”). Aunque son unos auténticos desconocidos, los malfatti tienen su origen en la Edad Media, cuando a un cocinero, después de intentar hacer una pasta de ravioli cada vez más fina, olvidó hacerla y coció directamente el relleno.
Empezaremos picando la cebolla i poniéndola a pochar, con un chorro de aceite, en una sartén lo suficientemente grande. Mientras se pocha, lavaremos las espinacas bien y les quitaremos los troncos más grandes. Una vez hecho, cuando la cebolla haya cristalizado, iremos añadiendo las espinacas tapándolas con una tapa para que se cocinen en su propio vapor.
Una vez cocinadas las espinacas, las retiraremos del fuego y con la ayuda de un cuchillo, las cortaremos a trozos bien pequeños y las escurriremos para que suelten toda el agua.
Una vez escurridas, cogeremos un bol y batiremos en él el huevo. A continuación, añadiremos las espinacas, el queso de ricotta, las cucharadas de harina, el queso parmeggiano, un pellizco de nuez moscada y mezclaremos bien, hasta que queda una masa homogénea (si os falta algo de harina, la podéis añadir sin problemas).
Llegados a este punto, pondremos a cocinar el tomate triturado con un chorrito de aceite de oliva y un pellizco de sal. Lo dejaremos cocinando a fuego lento unos 10/15 minutos.
Mientras cocina el tomate, nosotros iremos avanzando los malfatti. Para ello, iremos cogiendo pequeñas porciones de la masa de espinacas y haremos bolas (si queréis hacer albóndigas algo más grandes, gnocchis algo más pequeñas) que iremos pasando por harina. Una vez las tengamos, pondremos un cazo con agua a hervir.
Una vez el agua hierva, añadiremos unas cuantas bolas y las dejaremos cocinar unos minutos, hasta que empiecen a flotar, cuando lo hagan, las retiraremos, reservaremos y repetiremos el proceso hasta tener cocinadas todas las bolas.
Una vez cocinadas, las distribuiremos en platos y las regaremos con el tomate que hemos cocinado. Finalmente espolvorearemos con parmeggiano rallado y (gratinarlo es opcional) serviremos:
Estos desconocidos “malfatti de espinacas y queso ricotta” son una auténtica delicia y os garantizamos que, si los probáis, repetiréis.
¡Buen provecho!
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Podéis usar este “Pastel de espinacas” tanto como un entrante (con una ración corta y bien presentada) o como hacemos nosotros, con una ración grande y directamente como plato.
El año 2020 quedó marcado, y a fuego, por la pandemia de COVID-19. Una crisis que se llevó por delante cientos de miles de vidas y, con ellas, algunas de nuestras libertades más preciadas (ganadas a pulso) y, sin darnos cuenta, también muchas de nuestras ilusiones
Dos de nuestras grandes pasiones se vieron profundamente afectadas: disfrutar de la gastronomía y deleitarnos con los viajes. Por suerte, y gracias a que la salud nos acompañó, decidimos unir ambas aficiones para descubrir la maravillosa isla de Gran Canaria.
Gran Canaria es la tercera isla por extensión del archipiélago canario, aunque también la segunda más poblada, un territorio diverso que sorprende por la enorme variedad de paisajes y experiencias que ofrece en un espacio relativamente reducido.
La isla no solo presume de extensas playas de arena dorada, como las emblemáticas dunas de Maspalomas, sino también de playas casi vírgenes, como la impresionante Gui-Gui, donde la naturaleza se muestra en su estado más puro. Pero Gran Canaria es mucho más que sol y mar.
Su identidad se expresa con fuerza en una gastronomía rica y profundamente ligada al territorio, marcada por productos únicos. Destaca, entre ellos, el único cafetal de Europa, situado en el valle de Agaete, un auténtico tesoro agrícola que refleja la singularidad climática de la isla. A ello se suma una amplia y reconocida variedad de quesos, muchos de ellos elaborados de forma artesanal, y una creciente cultura vitivinícola, con vinos volcánicos que han sabido ganarse un lugar propio dentro del panorama nacional.
Gran Canaria es, en definitiva, un destino donde paisaje, producto y tradición se dan la mano, invitando al viajero a descubrir la isla también a través de sus sabores.
Después de esta pequeña introducción, y teniendo en cuenta que para visitar y conocer Gran Canaria hay que moverse por toda la isla, ¿nos acompañáis en nuestra ruta gastronómica por Gran Canaria?
Nuestro objetivo no es recomendaros grandes restaurantes, ni cocina de diseño o restaurantes pijos, si no lugares donde podamos encontrar comida casera, de proximidad y sobre todo, cocina canaria.
Para encontrarel primer restaurante nos desplazaremos al corazón de la capital, Las Palmas, concretamente a su histórico barrio de Vegueta (el barrio fundacional de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria), allí, entre sus pintorecos callejones nos encontramos con el “Restaurante La Bonita de Vegueta“, un restaurante donde podemos encontrar, y a precios muy económicos y con una atención exquisita, producto de buena calidad y “km 0“, destacando ante todo, originales opciones vegetarianas, además de disponer de equilibrados menús del día (entre semana, 2 platos, postre y bebida por 11 euros). Totalmente recomendable.
Unos quilómetros más al oeste, e igualmente en el norte de la isla, en pintoresco y bello pueblo de Teror y a escasos metros de la Basílica de la Virgen del Pino nos encontramos con el restaurante
“Restaurante Araucaria”, en este caso, entre semana no tenemos menú del día, pero sí una carta compuesta por algunos productos de locales (el queso ahumado herreño está delicioso) y otros platos de consumo más generalista (la hamburguesa de buey está para chuparse los dedos), a un precio más que aceptable. Sin lugar a dudas, un buen restaurante con un muy buen servicio y una cocina honesta (como el servicio) que convierte este restaurante, también como una alternativa muy recomendable.
Casi en la punta noroeste de la Isla de Gran Canaria, en el pueblo de Gáldar, nos encontramos con una buena opción para degustar cocina casera canaria, el resturante
“La Bodeguita de Cá Juancri”, en este caso, es uno de esos restaurantes de toda la vida, donde la carta viene en una pizarra (sin códigos QR ni inventos modernos). El servicio es atento y próximo, y la comida, como buscábamos, sencilla y casera (os recomendamos el pulpo frito, que es un auténtico lujo).
Desplazándonos al otro extremo de la isla, en la punta sur podemos disfrutar de la buena cocina canaria en:
“Restaurante tapas”, con este curioso nombre y en pleno centro del turístico y pintoresco núcleo de Puerto de Mogán (en el sur de la isla de Gran Canaria) nos encontramos con un pequeño bar/restaurante en el que abunda el cliente local. Se trata de un local sin lujos, pero con un servicio tan próximo que te hace sentir como en casa. Nosotros disfrutamos de una selección tapas (puntillas rebozadas, carne guisada, albóndigas y postre), a cada cual mejor y más sabrosa. Y todo por un precio más que módico.
“Restaurante Monte Rojo”, enclavado en la urbanización Monte Rojo del núcleo turístico de San Agustín (al sur de la isla y a escasos quilómetros de La Playa del Inglés), nos encontramos con un restaurante familiar realmente curioso ya que, dicho restaurante forma parte de un complejo turístico con piscina. En el “restaurante Monte Rojo” podemos encontrar desde una carta con pescados frescos, cocina canaria y arroces hasta un correctísimo menú del día por 10 euros. Y todo, sin olvidar una exquisita y eficaz atención. Totalmente recomendable.