La comida tenía una calidad razonable y estaba bien elaborada, destacando los espaguetis con salmón fresco y, sobre todo, la bullabesa. No obstante, un servicio excesivamente seco y poco atento que, en ocasiones raya la mala educación, estropean una experiencia que podríamos valorar como aceptable atendiendo al precio pagado.
Nosotros apostamos por el menú “fórmula express”, el cual comprendía una ensalada de queso de cabra caliente al pesto y un postre totalmente nuevo para nosotros, el “café gourmand” que, como su nombre indica incluye un café junto con unos cinco o seis dulces en formato pequeño. El precio por persona fue de 13,50 €, un precio razonable teniendo en cuenta la calidad de la comida, la atención recibida y su tranquila ubicación. Os recomendamos totalmente que lo visitéis.
Una vez sentados, vimos que este restaurante pretende una categoría mucho más alta que la que le corresponde, con precios de carta altísimos y una cocina fusión (francesa con asiática) que no acaba de cuajar, o sea, que aunque los platos están buenos, la decoración del restaurante es mucho mejor que el sabor de la cocina. Con todo, se trata de un lugar aceptable para cenar si se escoge el menú y el resto de restaurantes de la zona están desbordados.














