domingo, 22 de febrero de 2015

Croquetas de jamón ibérico


Hoy os traemos todo un clásico de la cocina, las croquetas.

Sin lugar a dudas, las croquetas destacan por su gran adaptación a los sabores, permitiendo así una gran variedad de ingredientes que en ellas se pueden combinar, lo que hace que sea un plato que, normalmente, gusta a la mayoría. Como pasa en estos casos, y más tratándose de un plato tan tradicional, podemos encontrar una gran variedad de croquetas precocinadas en las estanterías de nuestro supermercado habitual, ya que, aunque no se necesita un Nobel para hacerlas en casa, sí que conllevan un largo proceso de elaboración.

Una vez explicado todo esto, solo nos falta contaros como preparamos en casa nuestras croquetas, concretamente las “croquetas de jamón ibérico”.

Para hacer 24 croquetas, necesitaremos los siguientes ingredientes:

1/2 litro de leche
50 gr. de harina
100 gr. de jamón ibérico
1 diente de ajo
Media cebolleta
50 gr. de mantequilla (o aceite de oliva)
Pan rallado
2 huevos
Aceite de oliva
Sal

Antes que nada limpiaremos la cebolleta y la cortaremos tan pequeña como nos sea posible. Una vez hecho, pelaremos y picaremos el diente de ajo.

Por otro lado, pondremos una olla al fuego con la mantequilla y cuando se haya derretido, añadiremos la cebolla y el ajo picados y lo cocinaremos a fuego medio unos minutos hasta cristalizar.

Mientras tanto, picaremos el jamón ibérico tan pequeño como nos sea posible. Cuando la cebolla haya cristalizado, añadiremos el jamón y lo mantendremos medio minuto removiendo constantemente. Una vez hecho, añadiremos la harina y continuaremos removiendo.

Una vez tengamos una mezcla homogénea, añadiremos poco a poco la leche. Mientras hacemos este paso, tenemos que ir mezclando e integrando la leche en la masa, poco a poco para evitar grumos. Es decir, a medida que la masa se vaya endureciendo, iremos añadiendo la leche y removiendo a la vez hasta conseguir una masa consistente y homogénea. Normalmente esto os sucederá a la media hora, así que, andad preparados y con el brazo dispuesto a durante ese rato.

Finalizado este paso, dejaremos reposar y enfriar la masa, para ello, la pondremos en un recipiente plano y la taparemos con papel film, haciendo que este toque la masa (así evitaremos que en esta se forma costra), y la dejaremos en el frigorífico como mínimo 8 horas.

Una vez reposada la masa, llegará el momento más divertido, dar forma a las croquetas. Para ello, una vez decidida la forma que le queramos dar (redonda, alargada, etc.), iremos cogiendo pequeñas porciones de masa, les daremos forma, las rebozaremos por huevo y pan rallado y las dejaremos reposar unos minutos más.

Finalmente ya solo nos faltará freír las croquetas. Para ello, si no disponemos de freidora, pondremos abundante aceite en una sartén y cuando este esté caliente, iremos poniendo croquetas y controlándolas bien para que no se nos quemen. Por último, y en forma de consejo, os recomendamos que al sacarlas del aceite, las pongáis un rato sobre papel absorbente para evitar así el exceso de aceite.

Aquí os dejamos una posible presentación:

Croquetas de jamón ibérico con chutney de calabaza
Croquetas de jamón ibérico con chutney de calabaza


¡Buen provecho!

domingo, 15 de febrero de 2015

Producto de temporada. Febrero: Guisantes


¡En un pispás nos hemos comido enero! Y además, muy rápido. Casi sin darnos cuenta acabamos en dejar atrás el primer mes del año para entrar en uno de los meses más fríos del calendario. Un mes de sofá, calefacción, chimenea y platos de cuchara, pero como nos gusta cuidarnos, os vamos a recomendar una verdura que ahora está en una de sus mejores épocas: los guisantes.

Sí, os puede parecer extraño, pero los guisantes tienen dos fechas de recolección (en las zonas donde la climatología lo permite), a finales de febrero, y a comienzos de verano. Aunque eso sí, en ninguna de las dos épocas, se puede quitar el apelativo de “verdura aburrida”.

Los guisantes, de los que se tiene constancia desde hace más de 10000 años, son originarios de Oriente Medio y poseen propiedades muy beneficiosas para nuestro organismo, en especial para la circulación de la sangre y el control del temido “Colesterol malo”. Vaya, todo un aliado para la salud de nuestro corazón.

Esta pequeña legumbre, es una fuente de proteínas vegetales, magnesio, hierro y calcio. En definitiva, es una buena fuente de energía y una buena opción para la renovación de las células de nuestro cuerpo.

En la cocina, los guisantes son una de las legumbres más fáciles de cocer, ya que, frescos en unos 5 minutos hirviendo (o al vapor) los tenemos al punto, mientras que para los congelados necesitaremos unos 10. Eso sí, en ambos casos, si queréis conservar su verde característico, deberéis pasarlos por agua una vez cocinados.

Aunque ciertamente aburridos (por su deje dulzón al comer), los guisantes nos abren un gran abanico de posibilidades en la cocina, pudiéndolos convertir de un colorido acompañamiento a todo un plato principal lleno de virtudes. Como ejemplo os dejamos las siguientes recetas:


  • Canelones de guisantes”.Estéticamente muy parecidos a los canelones tradicionales pero dignos de las mejores cocinas, tanto por sabor, como por lo divertidos que son.
  • Y de la mano de nuestra amiga Glo de “Cocinando con amigos”, os traemos un acompañamiento con una base de guisantes que nos hace estremecer: “Pollo guisado con verduras


lunes, 26 de enero de 2015

Tartar de lubina a la naranja


Hace un tiempo os presentamos una receta tan sabrosa como arriesgada, el “Tartar de salmón con manzana ácida y aguacate”. Arriesgada por qué no todo el mundo está preparado para degustar la técnica del tartar, pero como a nosotros nos encantó, hemos dado el siguiente paso, preparar un “Tartar de lubina a la naranja”.

Como veréis, la idea es la misma, pero el resultado, aunque igualmente espectacular, tiene un sabor totalmente distinto.

Utilizaremos los siguientes ingredientes (para dos personas):

2 lubinas de ración (o una salvaje pequeña)
1 naranja
½ pimiento rojo
1 cebolleta fresca
1 cucharada de mostaza de Dijon
Sal y Pimienta

¿Todo a punto y el cuchillo bien afilado? Pues, ¡adelante!

Antes que nada, preparéis la lubina. Para hacerlo, deberéis quitarle la piel y las espinas, todas las espinas. Esto deberéis hacerlo con mucho cuidado ya que es de vital importancia que no os quede ninguna.

Una vez hecho, cortaréis la lubina a cubos bien pequeños, de algo menos de medio centímetro y los iréis reservando en un bol. Una vez completado el trabajo, cogeréis la cebolleta y la cortaréis también a dados del mismo tamaño y los iréis añadiendo al bol de la lubina. Haréis lo mismo con el pimiento rojo, y la mitad de la naranja.

Una vez cortados todos los ingredientes, aliñaréis con sal, pimienta, una cucharadita de café de mostaza de Dijon y el zumo de media naranja. Finalmente, lo mezclaréis todo con la ayuda de dos cucharas para evitar que la carne de la lubina se rompa.

Cuando esté todo bien mezclado, filmaréis el bol y lo pondréis en la nevera, como mínimo un par de horas, hasta justo la hora de presentar el plato.

Nosotros para presentar el plato, optamos por un molde circular, en el que fuimos poniendo más o menos la mitad de la mezcla obtenida, y lo decoramos con unas hojitas de cebollino.

Tartar de lubina a la naranja
Tartar de lubina a la naranja


¡Buen provecho!


lunes, 12 de enero de 2015

Producto de temporada. Enero: Salmón


Desde hace mucho tiempo barajábamos la posibilidad de estrenar una nueva sección, y que mejor excusa que el comienzo de un nuevo año, ¿verdad? Pues bien, nuestra idea es, una vez al mes, contaros las propiedad y posibles usos de un producto “de temporada” (dicho de otra manera, del mes en cuestión).

Para estrenarnos, en esta ocasión os hablaremos de uno de nuestros ingredientes favoritos, el salmón.

Mayoritariamente procedente de las frías aguas del Atlántico, el salmón se caracteriza por su cuerpo alargado (más de 50 centímetros) y cubierto de pequeñas escamas con manchas oscuras, su carne rosácea o anaranjada, y un peso óptimo está entre 1 y 3 kilos.

El salmón es un pescado graso, perteneciente a la familia de pescados azules. Aunque mucha gente le critica su aportación de grasa, este tiene unos 11 gramos de grasa por cada 100 de carne, un porcentaje muy similar al de las sardinas o el atún, aunque eso sí, su grasa es rica en Omega-3, favoreciendo así la reducción de colesterol, triglicéridos y evitando la formación de coágulos o trombos sanguíneos.

Aunque como ya os podéis imaginar, no todo es positivo en el salmón, ya que su alto contenido en purinas provoca un incremento de ácido úrico en nuestro cuerpo, por lo tanto, no es recomendable para aquellos que tengan problemas con el ácido úrico.

En la cocina, el salmón es uno de los pescados más versátiles y deliciosos, aunque eso sí, extremando siempre el cuidado al cocinarlo, ya que con un exceso de calor el salmón pierde sus principales características. Nosotros os recomendamos tres formas bien sencillas de preparar un buen salmón y además, triunfar en la mesa:

  • A la papillote
Es sin lugar a dudas una de las formas de cocción más sanas y que más respetan la textura y sabor. Os dejamos un ejemplo: Salmón a la papillote
  • A la plancha
Tradicional y sabrosa, pero cuidado porqué es tremendamente fácil quemar el salmón. Aquí tenéis una buena receta: Combinado de salmón

  • En un tartar
Un método arriesgado, por el que no todo el mundo está preparado, aunque a nosotros, nos vuelve locos. ¿Qué os parece esta receta? Tartar de salmón con manzana ácida y aguacate.

 

domingo, 30 de noviembre de 2014

Pastel de calabaza y gambas


En casa tenemos un libro que para nosotros es bastante especial, “Karlos Arguiñano en tu cocina”, sí, nuestro primer libro de cocina. Durante un tiempo fue nuestro libro de cabecera ya que, de él sacamos una gran cantidad de recetas e ideas. Una de ellas, os la explicaremos hoy, tiene por nombre: “Pastel de calabaza y gambas”.

Para dos personas necesitamos los siguientes ingredientes:

½ kg de calabaza
8 gambas
3 huevos
100 ml de crema de leche
2 puerros
Media cebolleta
Una cucharada de harina
Mantequilla, aceite
Sal i agua

Antes que nada, deberéis precalentar el horno a 200 grados. Mientras se calienta, cortaréis la calabaza a dados pequeños. Cuando el horno se haya calentado, pondréis la calabaza en un recipiente y lo pondréis en el horno, dejándolo cocer a 180 grados, unos 15 minutos. Pasado en tiempo, reservad la calabaza para, cuando está se haya enfriado, aplastarla bien con la ayuda de un tenedor.

A continuación, limpiaréis bien los puerros y la cebolleta para después picar ambas cosas, a continuación, lo pondréis todo en una cazuela para dorarlo un poco. Cuando empiece a cambiar de color, añadiréis la cucharada de harina y continuaréis cocinándolo unos minutos más.

Pasados un par de minutos, cubriréis con agua y lo dejaréis cocinando a fuego lento (unos 15 o 20 minutos). Finalmente, lo batiréis todo con la batidora eléctrica.

En un bol batiréis los huevos y la crema de leche. Cuando esté todo bien ligado, añadiréis la calabaza y lo mezclaréis todo bien.

A continuación, en un molde apto para ir al horno untado con mantequilla pondréis la calabaza y la mezcla de huevos y en su interior pondréis las gambas bien limpias. Cuando esté todo preparado, pondréis el molde al baño María en el horno durante 40 minutos a 180 grados.

Pasado este tiempo, ya solo os faltará presentar el plato, y para ello, nosotros os proponemos lo siguiente:


Pastel de calabaza y gambas - receta
Pastel de calabaza y gambas


¡Buen provecho!